Cruz Azul golea a Pumas en La Corregidora

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Menos de treinta minutos ondeó la bandera de Pumas en el estadio Corregidora, el tiempo que estuvo Nicolás Castillo en el campo. El resto se convirtió en una lección del Cruz Azul, que golpeó cuatro veces a un equipo desanimado y corrigió el rumbo al derrotar por 4-1.

La confianza de Pumas pende de un hilo tan delgado que la salida de Nicolás Castillo lo rompió. En el minuto 28, cuando todo marchaba viento en popa para los universitarios, el chileno cayó al césped, se tocó el muslo derecho y la camilla de urgencias entró en pocos segundos al campo. Ahí, en ese instante, se acabó el partido para el goleador universitario y para todos los dirigidos por Sergio Egea.

Huérfanos de líderes, Cruz Azul bajó la bandera de los Pumas en el estadio Corregidora y el aficionado celeste se apoderó del inmueble con el clásico grito de “¡¡¡Azul!! ¡¡¡Azul!!”. Era cuestión de tiempo, de minutos, el gol de Luis Fernando Quintana al 20′ se emparejó al 40′, en un contragolpe por el lado izquierdo de Édgar Méndez que finalizó con un remate en el área chica de Martín Rodríguez. Empate a uno.

Pumas regresó con la cabeza baja del entretiempo. Se notó en el gol de la ventaja para Cruz Azul. Un tiro de esquina a favor del club Universidad se convirtió en una pinturita de Martín Rodríguez, tras un acarreo de balón de Ángel Mena y una vaselina del delantero chileno. Los culpables: Gerardo Alcoba, Luis Fernando Quintana y Alan Mozo, que se quedaron sin fuerza para corretear al jugador del Cruz Azul y ayudaron que la jugada creciera hasta terminar en gol para la causa celeste.

No había respiro para los Pumas, enredados en su racha negativa de siete partidos sin ganar, seis de ellos derrotas, y lejos de su estadio, enterraron aún más el prestigio de la institución que representan. Sin forma de ir al ataque y con el español Abraham González, que salió de cambio, como el único que defendía al club azul y oro.

El chileno Felipe Mora ayudó a continuar con la catástrofe universitaria,con dos goles que acabaron por silenciar a los aficionados universitarios que intentaron tomar el estadio Corregidora y dio la estafeta a los suyos, que pintaron de azul el inmueble de Querétaro.

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